Tarraco, la actual Tarragona, fue una de las ciudades más importantes de la Hispania romana. Fundada como base de un campamento militar en el siglo III a.C. durante la Segunda Guerra Púnica, pronto se convirtió en la capital de la provincia Hispania Citerior y, más tarde, de la provincia Tarraconense, centro clave de administración, comercio y cultura.
Uno de sus momentos más destacados fue la estancia del emperador Augusto entre el 26 y 25 a.C., desde donde gobernó el Imperio. Este hecho impulsó la monumentalización de la ciudad, dándole un carácter imperial.
Visitar la Tarragona romana es una experiencia única para conocer de primera mano el legado del Imperio en Hispania. ¿Tienes curiosidad y quieres saber algo más sobre este precioso enclave? Te lo contamos más a continuación.
Origen de Tarraco: campamento romano
Como hemos mencionado anteriormente, el origen de Tarraco se sitúa en el siglo III a.C., durante la Segunda Guerra Púnica (218-201 a.C.), configurándose como campamento militar romano siendo establecido en 218 a.C. por los generales Cneo y Publio Cornelio Escipión, quienes lo usaron como base estratégica en la lucha contra los cartagineses en la península ibérica.
Gracias a su ubicación costera, Tarraco permitió a Roma recibir refuerzos y suministros desde Italia. Con el tiempo, el campamento se convirtió en un asentamiento estable y en un centro de operaciones para la conquista de diferentes lugares de Hispania.
Tras la victoria romana, Tarraco comenzó a desarrollarse como ciudad y así, fueron naciendo edificios que cubrían las necesidades de sus gentes.
Los trabajos de arqueología nunca se acaban, pero sí es cierto, que hoy en día, podemos admirar y disfrutar de las ruinas de algunas de aquellas edificaciones, gracias a las labores de recuperación realizadas y a la conservación de las mismas.
Entre sus monumentos más destacados se encuentran:
- Foro. Era el corazón político y religioso de la ciudad. Dividido en el Foro Provincial, sede del gobierno de la provincia, y el Foro Colonial, donde se realizaban actividades comerciales y judiciales.
- Anfiteatro. Construido en el siglo II d.C. junto al mar, acogía espectáculos de gladiadores y ejecuciones públicas. En su interior se hallan restos de una basílica visigoda erigida siglos después.
- Circo. Destinado a las carreras de carros, fue uno de los más grandes del Imperio Romano. Su estructura se integró en la ciudad medieval y todavía se pueden ver partes de sus gradas y pasadizos subterráneos.
- Acueducto. Conocido como el Puente del Diablo, llevaba agua a la ciudad desde el río Francolí. Aún hoy se conserva en excelente estado y es un testimonio del ingenio romano en la ingeniería hidráulica.
- Puerto comercial. Gracias a su ubicación estratégica, Tarraco fue un punto clave del comercio en el Mediterráneo. Desde su puerto se exportaban productos como vino, aceite y metales, impulsando la economía de la región.
La Huella de Roma en Hispania
Durante la época en la que Tarraco se consolidó como una de las principales ciudades de Hispania, hubo otros enclaves romanos de gran importancia en la península.
Algunos de los más destacados fueron:
- Emerita Augusta -Mérida-: fundada en el año 25 a.C. por orden del emperador Augusto.
- Corduba -Córdoba-: importante núcleo económico y cultural.
- Hispalis -Sevilla-: puerto comercial básico en el valle del Guadalquivir, facilitaba el comercio con el Mediterráneo y el Atlántico.
- Caesaraugusta -Zaragoza-: fundada por Augusto en el año 14 a.C.
- Carthago Nova -Cartagena-: de origen cartaginés, fue conquistada por los romanos en el 209 a.C. y se convirtió en un puerto militar y comercial estratégico.
- Segóbriga -Cuenca-: ciudad con gran desarrollo económico debido a la explotación de minas de lapis specularis, yeso traslúcido utilizado en la construcción.
- Lucus Augusti -Lugo-: fundada en el 13 a.C.
Cada una de estas ciudades jugó un papel fundamental en la romanización de Hispania, dejando un legado que aún hoy se puede visitar.
Explorar en persona la actual Tarragona es una oportunidad para conectar con el pasado y entender la influencia romana en la cultura, el urbanismo y la ingeniería, en un entorno donde la historia sigue viva en sus calles y monumentos.
Hoy en día, los restos arqueológicos de Tarraco han sido declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, convirtiéndola en un destino esencial para quienes quieren conocer el legado romano en la península ibérica.
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